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En los bomberos no queremos 'rambos', sino gente sensata Imprimir
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El sargento de Formación del Cuerpo de Bomberos dice que el fuego siempre intenta ganar la partida, «por eso hay que enfrentarse a él sin miedo, pero también con mucho respeto»



AMABLE, inquieto, buena gente, muy 'apañao' y algo hipocondríaco. Estos son los calificativos que le endosan a Juan de Dios Fajardo Veredas sus compañeros del Cuerpo de Bomberos. Pero él es mucho más modesto a la hora de definirse: «Sólo soy una persona a la que le gusta su profesión».

Yo, personalmente, en el poco rato que estoy con él, no puedo constatar si Juan de Dios es merecedor de todos los halagos de sus compañeros, pero en el momento en el que lo conozco, el calificativo que mejor le viene es el de 'apañao', ya que lo mismo sirve para planchar un huevo que para freír una corbata, lo mismo apaga un fuego que forma a un futuro bombero o presenta los actos con motivos de la festividad de su tocayo San Juan de Dios, patrón del Cuerpo. Es precisamente en estos momentos cuando lo conozco. Falta un cuarto de hora para que comience el acto. Juan de Dios está vestido impecablemente con traje y su corbata y va de un lado para otro, como si fuera a apagar un fuego, comprobando el sonido, si queda bien el atril y seguramente pensando en lo que tiene que decir.
-¿Tiene diez minutos para atendernos?, le pregunto.

22 AÑOS EN EL CUERPO



-¿Le parece bien cinco?
 
-Si en cinco minutos es capaz de contarme su vida...

-Seguro. Y me sobran dos.
 
Juan de Dios Fajardo siempre quiso ser piloto, pero haciendo un curso de montañismo con César Pérez de Tudela -de eso hace casi 30 años- coincidió con muchos bomberos que hacían dicho curso. Fueros esos bomberos los que le inocularon la idea a Juan de Dios de que ser 'apagafuegos'.
 
Patrón

-Yo creía que era usted bombero porque se llama como su patrón, aquel santo granadino que sacó a muchos enfermos del hospital que estaba ardiendo, le pregunto con cierta retranca.

-Bueno. Por eso también (contesta él con ironía).
 
Juan de Dios ingresó en el Cuerpo de Granada de manos del que fuera su gran amigo Antonio Rodríguez Franco, un nombre a punto de convertirse en leyenda. Primero estuvo, como es normal en las brigadas operativas hasta que fue destinado a formar a futuros bomberos. Ahora ha cumplido 22 años en el Cuerpo y es el coordinador del Parque Escuela de Bomberos y Protección Civil Antonio Rodríguez Franco.
 
-Me encanta la enseñanza. Es una labor muy gratificante y yo me doy por satisfecho si de mi aula salen capacitados para apagar un incendio en sus primeros momentos.
 
-¿Cuál es el principal consejo que les da a sus alumnos pensando en ese fuego al que se tienen que enfrentar alguna vez?

-Que al fuego hay que hablarle de usted, pero sin miedo. Las llamas siempre intentan ganarnos la partida y si nos enfrentamos a ellas con temor, estamos perdidos. Hay que hacerlo con respeto, nunca con miedo.
 
-¿Se sienten recompensado con la labor que hacen?

-Bueno. Yo siempre he dicho que en nuestro trabajo lo de menos es el sueldo. Ser bombero es una forma de vida.
 
-Pero tienen la recompensa moral de la ciudadanía. El de bomberos es un Cuerpo que se deja querer.

-Sí, eso sí. Hay mucha gente que agradece nuestra labor y nos da las gracias después de cualquier intervención. Y eso nosotros lo valoramos mucho.
Competencia

Dice Juan de Dios que en los servicios de bomberos ahora hay mucha más competencia para ingresar porque cada vez los jóvenes están mejor preparados, tanto física como culturalmente. Comenta que para ser bombero se necesita una formación de al menos cinco años y que en Granada se es tan exigente en los exámenes que muchos de los que aquí se preparan encuentran trabajo en otras provincias. «Viene mucha gente con carrera universitaria incluso», dice.
 
-¿Pero cuales son las verdaderas cualidades que ustedes, los formadores, buscan en los bomberos?

-Primero que vengan con ilusión y luego que sean sensatos. No queremos 'rambos', sino personas con la cabeza bien amueblada. La sensatez es más importante que la fuerza.
 
-Antes a un bombero siempre se le identificaba con una manguera y apagando algún incendio, pero se dedican a más cosas.

-Efectivamente. ¿Sabe cuando más no llaman ahora? En los accidentes de tráfico, cuando hay que sacar a alguna persona de entre los amasijos de chatarra de un vehículo.
 
-¿Le gustaría a usted que alguno de sus hijos tuviera la misma profesión que su padre?

-Por supuesto que sí. Para mí sería un orgullo muy grande. Alberto no creo porque está por otras labores, pero de Nacho. ya veremos.

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