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Una bombera que rompe tópicos en Gran Canaria


Desde pequeño uno sueña sobre en qué se convertirá cuando sea mayor y esta grancanaria tenía claro que sus juegos preferidos eran los de adoptar los personajes de policía o bombera, "profesiones de ese tipo". "Después la vida te puede llevar por distintos derroteros", como así fue.

Pasó toda una vida haciendo deporte, así que era lógico que Noelia se decantara por la carrera de Educación Física. La competición también fue uno de sus fuertes. Atleta de distancias cortas, asegura que si algo le debe al deporte no sólo es la satisfacción personal, sino el estar donde está hoy en día.

Tras pasar largo tiempo dando clases, un amigo de la facultad le insiste en que tiene muchas cualidades para la profesión y un tío suyo va a presentarse a las oposiciones. Decisión y a estudiar.

La primera convocatoria fue muy precipitada, pero consigue el carné de camión. La segunda: ¡Victoria! Pero las plazas son limitadas. La tercera: ¡A por todas!

Corta con todo lo anterior y comienza a prepararse las oposiciones a conciencia. Comienza la rutina que tan bien conocen los opositores, con la salvedad de que aquí no es sólo sentar nalgas, sino levantarlas hasta lo alto de una cuerda.

"Me despertaba, iba a estudiar, entrenar, por la tarde estudiar, por la noche a la academia", la canción de todos los días.

Noelia
Piezas de un motor bien engrasado

Cada uno encaja en el puzzle. El trabajo de un bombero está muy mecanizado y perfectamente organizado. Todos los componentes del turno tienen que rotar por todos los puestos. Cada uno se asigna un puesto, esto es: conductor, bombero 1, bombero 2.

Cada miembro debe conocer perfectamente cúal es la función asignada para ese puesto. Por ejemplo, qué debe hacer el bombero 1 "en un incendio o en un tráfico".

Confiere rapidez, ya que al llegar al lugar del siniestro un bombero correrá a apagar la batería, mientras otro pondrá los calzos para estabilizar el vehículo y un tercero se encargará de sacar el equipo necesario para cortar. Una máquina en la que todas las piezas funcionan a la perfección.


 
El "verdugo" no oculta la feminidad

Noelia, como todos, pasó una temporada en cada parque de la isla. En cada uno de ellos tuvo espacio para su intimidad y en el de Puerto Rico, en el que tiene en la actualidad su plaza, campa a sus anchas, pues posee un vestuario para ella sola.

Aunque bromea con que "sus compañeros la tienen embrutecida", asevera que se puede ser igual de femenina cómo lo eras antes de entrar. Aún así, cuesta que un uniforme masculino, "aunque sea la talla S", quede favorecedor, aunque gracias al cinto se llevan los pantalones. "Llegas al parque vestida de calle y los compañeros te hacen algún comentario por verme con falda, pero después entro al vestuario y salgo por la otra puerta con la ropa de bombero y ya perdí todo el glamour. Es entonces cuando me gritan que vuelva a entrar".



Pero sin miedos. "Jugaba con mucha ventaja en estas oposiciones porque llevaba 15 años dedicándome al deporte. Además, el haber competido te da muchas tablas".

Las pruebas físicas que todo bombero debe pasar se basan en la agilidad, resistencia, natación, salto, cuerda, abdominales o flexibilidad. Pero el baremo es diferente entre hombres y mujeres. En todas las pruebas las mujeres gozan de una diferencia casi mínima, aunque inferior, excepto en flexibilidad, donde se les exije mucho más que a los hombres.

"Hay mucha gente a la que no le hace gracia que estés aquí"

Y una vez más, el eterno debate. "Hay mucha gente a la que no le hace gracia que estés aquí". Alegan que hombres y mujeres para el mismo trabajo deben someterse a las mismas pruebas. "Nos guste o no, fisiológica y hormonalmente somos muy diferentes". No es un tópico que los hombres tengan más fuerza o más cualidades físicas, es una realidad. Entrar en ese debate es un poco absurdo. Yo soy mujer, hice mis pruebas y me preparé a conciencia como el que más. No puedo saber si hubiera aprobado con idénticas marcas a las de los hombres, pero físicamente estaba muy bien y conseguí casi las mismas notas. Ahora mismo no me veo inferior en el trabajo".

En Gran Canaria no existen muchos lugares para entrenar y mucho menos para pruebas tan específicas como éstas. Así que todo el mundo coincide y se conoce. Ésta es la razón por la que sus compañeros conocían de antemano la preparación y aptitudes de nuestra protagonista. "A lo mejor les fastidiaba que, al estar en forma, no tuviese el mismo baremo que ellos. Incluso un amigo llegó a decirme que uno de los comentarios era: ¡Así hasta yo, ella es una atleta!".

Confiesa sin acritud que "al principio todos la animaban y apoyaban, pero a medida que vas superando las pruebas físicas, te conviertes en un competidor más".

"El tópico del superbombero es absurdo"

Desde que empezó a trabajar aprendió que en su trabajo no existen los héroes solitarios, sino un equipo que debe actuar como uno solo.

En esta profesión se huele el humo y se arde con el calor que desprende el fuego. Existe un sentimiento despojado de romanticismo. Real por indispensable y del que carecen muchos empleos, por no exagerar y decir todos. Es el compañerismo como máxima. "Si algo le pasa a un compañero tú vas a tirar de él como sea. Siempre estamos comunicados y te aseguro que van a acudir en su ayuda todos los que puedan".

Resulta complicado intentar imaginar a un bombero y que no lleguen a la mente flashes de cuerpos esculturales, protagonistas de calendarios erótico-festivos. Aunque este mito también se va al suelo gracias a Noelia.

"Tengo compañeros fuertes y otros más débiles, más altos, más bajos, más gordos... Al final todos estamos haciendo el mismo trabajo y nunca vamos a estar solos, ya que además esta es una de nuestras principales premisas. Ningún compañero, por muy fuerte que sea, puede sacar en peso muerto a una persona".

"Éticamente todos deberíamos estar en forma, tenemos bastantes días libres y la falta de tiempo no es precisamente una excusa para no entrenar". Éste es el vademécum en esta profesión. "Resulta difícil que alguien que no haya realizado con asiduidad deporte pueda entrar en esta profesión", pero desmitificar el tópico del superbombero como "absurdo" resulta obligado. "Puede salirte un servicio superexigente y no puedes estar hecha una piltrafa", pero en general, "sólo hay que mantenerse".

El futuro es hoy

Esta profesión tiene una fecha de caducidad cercana. A una determinada edad no rindes igual, por lo que ya se contempla la jubilación anticipada a los 55 años. "Cuando los achaques aparecen, te asignan labores paralelas o de oficina".

La situación en estos momentos dibuja un panorama donde los puestos superiores ya están copados, y donde la juventud de un Consorcio, con una media de 34 años, "hace pensar en que aún queda mucho tiempo hasta que comiencen a jubilarse. Ya hay muchos compañeros que después de haber estado dos años en el puesto opositan internamente para subir de categoría a Cabo o Sargento. Opositan para ascender cuando la edad suponga estar limitado".

El ahora es lo único que existe para Noelia. "Más tarde ya se verá".

En lo que no muestra titubeo es en afirmar que "habrá más bomberas cada día. Es un trabajo muy exigente físicamente y eso frena mucho a las mujeres. Me guste reconocerlo o no, cuando daba clases de educación física en institutos me costaba mucho más animar a las chicas a realizar actividades. Además se necesita mucha disciplina. Pero los hábitos de las mujeres están cambiando".

Consciente de que muchas personas desconocen que pueden acceder a esta profesión y de ser un referente que podría proporcionar un empujón a las que no se veían capaces. Noelia relata una anécdota, en la que, en un servicio, un señor la avisó de que una chica de unos 15 años estaba llorando. Cuando se acercó para conocer la razón de su llanto, la joven confesó emocionada que su sueño era ser bombera, pero que su padre le había insistido en que no era posible. "Días después se pasó por el parque para enseñárselo todo". Esta bombera demuestra así, que de vez en cuando, el mejor final para el cuento es que la calabaza se convierta en camión y cambiar el príncipe por un par de buenos compañeros.

 

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